De pequeño cuando se acercaban estos días, gozaba porque nos daban fiesta en la escuela hasta el 7 de Enero. Recuerdo con agrado la casa calentita con la estufa de butano, a mi hermano a mis padres y a mis abuelos maternos, que vivían con nosotros. Nos cuidaban mientras papá y mamá vendían televisores, neveras y discos en una pequeña tienda cercana. Cómo me gustaba esa época del año!!! El olor a caldo que mi abuela preparaba todas la mañanas para que comiéramos caliente. Los Canelones del día de San Esteban que eran pulcramente enrollados a primera hora, con esa carne de ave, tocino y ternera escrupulosamente picada con una máquina de manivela. Todo estaba muy preparado y estudiado para que la Gran Comida familiar, fuera el deleite. Los abuelos paternos venían desde el Barrio de Sants, con un balde lleno de gambas frescas del mercado de hostafranchs, donde la otra abuela vendía carne. Tiernas costillas de cabrito, manjar de dioses. El Pollo con ciruelas pasas y piñones. Y el postre con el rico turrón de jijona y alicante, los mazapanes y las neulas (barquillos alargados y suaves). Hacíamos ruido con la cola y las neulas, sorbiendo a modo de caña.

Todos los días eran felices porque estábamos juntos y escuchábamos los discos que mis papás traían de la tienda.

Eran los años 60 y el seiscientos de mi papá corroboraba la época en que estábamos inmersos. El desarrollo tardofranquista.

En estos días en que la vorágine consumista, hace abrir los domingos a los comercios para que el público que no compró los regalos a tiempo, tenga esta posibilidad, les diría solamente una cosa:

Piensen en los suyos, déjense llevar por la tranquilidad de la estancia en el hogar y disfruten con la contemplación de las imágenes de las calles, del cielo o si no tienen vistas en casa, arrellánense en el sofá con un buen libro, son momentos para vivir con y en paz.

Un beso y un abrazo a todos los que me leen.

Feliz Navidad!!!!