Y después de tantos años queriendo conocerte, por fin lo hicimos. Estabas sin el sol con que siempre recibes al viajero, pero tanto tus gentes como tus edificios y tus jardines irradiaban esa luz que enamora.

Y nos dejaste asombrados a Tili y a mi con tus hermosos paisajes, tus atardeceres plácidos y tu río lleno de barquitas. Nos gustaron tus tapas, tu barrio de Triana y esas nochecitas en las calles de Santa Cruz. Que ricas tortillas de camarones y que deliciosa la cruz del campo como la llamaban antes a la espumosa.

Nos hiciste pasar unos momentos felices que guardamos en nuestro corazón hasta que volvamos a vernos, seguro que muy pronto para seguirte recorriendo, descubriendo aquello que nos perdimos de ti por la premura del tiempo. Los dos te llevamos muy dentro.